Ana LA. en Canadá – Capítulo 1 – Presentación

“CANADÁ ES LA PUNTA DEL ICEBERG”

¿Qué pasó mi lindo lector? Te doy la gracias y te pido disculpas de entrada. La gente que me conoce ya sabe que me enrollo como nadie, y la que no, se da cuenta al ver esta introducción poco necesaria y todavía menos común. Pero es que tengo que dejar constancia de algo que me venía preocupando desde hace un tiempo. Y por si estás pensando que puede ser el idioma, la comida, el frío o el hacer amistades nuevas… ¡nada más lejos de la realidad! Me preocupaba que hubiera un máximo de caracteres en los blogs. Y al ver que no es así, mi preocupación acaba de pasar a ser que mis seres queridos y con suerte tú, se lean aunque sea una quinta parte de mis blogs. Siempre me pasa igual y yo sigo sin aprender la lección. Y de eso quería hablarte de aquí en adelante… lecciones.

¡Ay Dios! He escrito un párrafo sin siquiera ponerte en contexto. Hola, encantada. Me llamo Ana LA y te escribo desde Nueva Escocia, Canadá. Te escribo y te voy a estar escribiendo para que tú y yo compartamos. A secas. Tú luego decides qué haces con lo que lees. Puede que estés pensando en vivir lo mismo que yo y quieres opiniones reales. Puede que me quieras y te estés interesando por mí. ¿Y por qué no? Puede que te aburras.

Vale, ya te he puesto en contexto. Como no quiero que se me acumule ni olvide el material, voy a empezar por el principio, aunque a veces me guste empezar la casa por el tejado (guiño musical). Lo que tod@s llamamos la “experiencia” no empieza una vez pisas suelo americano. Ni siquiera en el aeropuerto despidiéndote. Sino que todo comienza con ese “chacho, ¿te imaginas…?” que rápidamente cruza tu cabeza y se esfuma, porque, claro, dejémonos de boberías, eso sólo sucede en las películas. En mi caso, la iniciativa de irme fuera a estudiar, fue mía. Algún día lejano al presente pensé en despedirme temporalmente de mi Gran Canaria y todo lo que en ella tengo. Y así está siendo. Llegados a este punto, si tienes el privilegio y la suerte de poder plantearte el irte a estudiar fuera una temporada, reflexiona, pero haz que algo ocurra. Toma la decisión que creas que más cosas positivas te vaya a aportar. Y no confundamos lo positivo con lo que nos resulta más seguro. Yo quería vivir algo digno de ser contado. Quería conocerme. Quería aprender. Y quería dejar atrás mi zona de confort. No decidas una cosa tan importante para ti teniendo miedo, querido/a lector/a.

En caso de que hayas elegido que sí, como yo, viene la parte de la que nadie escribe, pero que sin embargo es en la que un pensamiento se convierte en una realidad: hablar con tu familia, contactar a LK, rellenar el papeleo e ir mentalizándote.

Tratando “brevemente” los cuatro aspectos tenemos en primer lugar a la familia. ¡Cómo les quiero yo! Son mi apoyo fundamental. En mi año académico fuera y en la vida, así que haber contado con su apoyo desde el principio y haber hablado francamente con ellos ha sido vital. Gracias a ustedes 3 que lo han hecho posible. En cuanto a LK… de verdad te digo, mi opción favoritísima después de horas comparando empresas y pidiendo información en cada página web. Que por cierto, menuda chorrada de recomendación, porque si has llegado hasta aquí, a las entrañas de LK, casi seguro que ya les has elegido a ellos. Después está el papeleo, que es mucho, pero muy importante. Vas a firmar normas que te comprometes a cumplir, contratos de tu banco para que te puedas traer una tarjeta, rellenar documentos con datos específicos sobre tu salud, hacer una entrevista por videollamada… de todo. Se hace pesado, pero las cosas tienen un precio. Y finalmente, mi parte favorita de la previa: trabajo espiritual. Yo he intentado abrir mi mente estos últimos meses, de cara a saber adaptarme. Mi mayor problema no era que no me fuera a gustar mi vida aquí, sino que me gusta tanta taaanto lo que tengo en casa, que por nada quería perdérmelo. Y ¡sorpresa! Sigo teniendo este problema. Espero saber lidiar con esta cuestión, como dirían aquí, eventualmente. Ármate de valor y no te quedes con las ganas de hacerle saber a los demás cuánto les quieres y cuánto de menos les vas a echar en las despedidas. A mí me prepararon una lindísima fiesta sorpresa, por ejemplo. Puede ser un detonador que te haga darte cuenta de que te queda poquito antes de irte. Si te conozco y eres de mis amig@s, te echo de menos. Disfruta mucho lo que puedas.

Yo completé esos pasos, que se escriben relativamente rápido, pero llevan lo suyo. Pero ahora te toca a ti, vete con paciencia. En la siguiente publicación puede que encuentres algo que de verdad te interese. Gracias, de corazón, si has llegado hasta aquí. Sé que soy pejiguera, por eso lo valoro tanto.

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