Ana LA. en Canadá – Capítulo 10 – Cuando te das cuenta de que está siendo una experiencia excelente

“¿Y AHORA QUÉ?

Bueeeenoooo, ¿pero mira quién está aquí? ¡Mi queridísimo lector! Chaaas, ¡qué emoción que me leas! Déjame ir directamente al grano, aunque sea por una vez, porque si no, este nuevo lindísimo lector que no sabe que estoy loca, va a decidir leerse otro blog, y dejarme en el olvido. Hola, señor/a. Soy Ana L.A. Dame una oportunidad anda, sólo trato de ayudarte con mi experiencia. Sí, estoy estudiando en Canadá, y si estás considerando hacer lo mismo, esto puede ayudarte. Sé que mi saludo ha sido poco convencional, pero vengo hablarte de un temas chachi. Lo que pasa es que, como hay gente que se lee todos y cada uno de los capítulos, pienso que lo menos que puedo hacer es agradecérselo en cada ocasión. Pero que haya calma en la sala, que a ti también te agradezco que hayas llegado hasta el décimo renglón de este documento de Word, sin siquiera saber de lo que te vengo a hablar. Porque esa es otra, normalmente pongo títulos que son más o menos orientativos, pero hoy en cambio, no he puesto ni una mínima pista. Esa es la buena Ana, poner un título que no dé curiosidad y que sirva para cualquier tipo de contenido es, sin duda, una buenísima técnica para los escritores que pretenden captar tu atención. (Es sarcasmo. Lo aclaro porque lo escribo con todo el cariño del mundo, pero el tono se puede malinterpretar fácilmente. Es lo que tiene el expresarse a través del papel. Ni siquiera es papel físico. Dejémoslo en “por escrito”). ¿Ves? Ese es mi problema. Escribo como si estuviera hablando. En vez de hacer todas estas interrupciones explicándome, podría cambiar la expresión como si nada, e dejar de enrollarme. Pero no es mi estilo. Lo siento. Menudo comienzo ahora que lo pienso jajajajajaja.

Bravo. Después de todo eso, te comento. Lo que viene a continuación es algo muy positivo y muy negativo a la vez. Últimamente he estado pensando que no me quiero ir de aquí. Ojitooo que aquí hacen falta muchos matices. No me refiero a que quiera quedarme para siempre, ¿estamos locos? Tampoco quiero decir que no eche de menos mi casa, mi hogar, mi familia, mi tierra… Dios, si tú supieras todas las cosas que echo de menos. A lo que me refiero es al fenómeno del estudiante de intercambio. Por supuesto el nombre me lo acabo de inventar yo. Capaz que ya existe, ¿te imaginas?

Déjame explicarme. Este fenómeno lo he vivido en primerísima persona. Antes de venirte a tu país de destino, conoces a personas que ya han vivido lo mismo. Te dan consejos. También ves vídeos y lees blogs (considérese la mención a los blogs en mi propio blog como un portal entre universos paralelos. Como cuando en una serie están viendo la televisión). Todo el mundo te dice lo maravilloso que es un año en el extranjero. Que se llora dos veces, al despedirte en España, y al despedirte en Canadá. Que las personas que te llevas son maravillosas. ¡Que no vas a querer irte! Y yo que para estas cosas soy muy bruta pensaba: “eso lo dicen porque sus vidas en España son más bien tristes, y no querían volver a su realidad.” Jajajajajaja perdón. Claro, a mí en Gran Canaria me va de maravilla y soy muy feliz. Por eso, cuando llegué aquí el primer mes pensaba: “chaaacho chacho, ni punto de comparación. Ya me mintieron”. Pues me trago mis palabras una por una.

Sé que esta reflexión es propia de la última época. Pero es que estamos varios internacionales igual. Amargados. Porque se nos está pasando el tiempo volando. Demasiado. Hoy mismo un amigo me recordó que nos queda un poquito más de la mitad. ¡MITAD! ¿Perdóname? Lector/a mí@, ¿tú entiendes esto? Noooo no, aquí tiene que haber un error. Pero no, el error lo tenía yo, pensando que no me encariñaría de esto. A esto es a lo que me refería con que lo que íbamos a tratar hoy era “muy positivo y muy negativo a la vez”. Lo bueno es que soy muy feliz. Lo noto y lo sé, porque cuando me salen canciones tristes en Spotify, me las salto. Lo malo es que no quiero asimilar la fugacidad de la vida. Me duele. Una amiga lo describió como “ese pensamiento de “voy a echar de menos esto” mientras lo estás viviendo”, y no puede estar más en lo cierto. Sé de sobra que no tiene sentido preocuparse. Que disfrutar el momento es una mejor opción. Pero, ¿quién puede controlarse así a sí mismo? ¡Que me enseñe! Es una sensación especial. Sobre todo porque no te entra nostalgia por un recuerdo, sino por una rutina que todavía vives, por una persona a la que todavía ves, o por un paisaje en el trayecto de la guagua que vas a volver a ver mañana. Es echar de menos algo que, todavía, tienes a tu alcance. Es bonito y aterrador.

Voy a compartir contigo lo que creo que es una posible causa. Me estaba preguntando: “¿y por qué me da ahora esta añoranza repentina?” Y creo que es porque estoy en un paréntesis. Sí. Yo sabía antes de venir aquí, que mi realidad en casita, era mi antes y mi después. Pero Canadá es el nudo, el medio, la parte central, el desarrollo… Tiene un principio y un final muy marcados. Voy contrarreloj, y ¡chos, duele! Sé que nunca se sabe. Puede que vuelva a ver a esta gente algún día en el futuro, pero entre tú y yo, desde mi punto de vista parece que es una excusa para que no me entre la tristeza.

Tardé lo mío en que dejara de dolerme el hecho de estar “perdiéndome” las cosas de España. Sin embargo, no me daba cuenta que no estaba perdiendo nada. Estaba ganando mucho. Y es que lo noto muy dentro de mí. Mi inglés. Mis relaciones interpersonales. Mi relación intrapersonal. Mi felicidad. Siempre ganando. Y soy adicta a vivir, sobre todo cuando todo va así de bien, ¿acaso tú no lo serías? Así que sí. Este capítulo no acaba aquí. Es una inseguridad que sigo teniendo. Seguiré pensando, disfrutando y estudiándome. Estoy en busca de una solución para despreocuparme de algo que no depende de mí, como es el paso del tiempo. Te mantendré informad@. Si vas a vivir lo mismo que yo, deseo de corazón que puedas sentirte como yo algún día. Además, este sentimiento sólo va a ir creciendo. Ya que al fin y al cabo, menos tiempo me va quedando, y más cariño le cojo a esto. Papá me decía en broma de pequeña, “a mí me da miedo que esta niña se vaya. Conociéndola, luego no va a querer volver” Jajajajajaja ayyy papá, yo estoy viviendo feliz aquí, pero soy la persona más “de casa” que haya habido nunca. Una vez más, podrá parecer que las fotos no tienen nada que ver con lo que he escrito. Pero, esta vez, sí que sí. Al fin y al cabo, es el conjunto lo que está intentando retenerme emocionalmente en Canadá. ¡A tu salud!

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