Ana LA. en Canadá – Capítulo 5 – Educación en Canadá

“TANTO CONTRASTE A LA VEZ NO, GRACIAS”

Tsss, tsssss. Sí, tú, que no sabías cómo leer ese “tsss”, pero ahora por curioso/a sigues leyendo. Por mi lector favorito que puede que seas, el/la que siempre está ahí y no se pierde un capítulo, por mucho que me enrolle: chin-chín. Para mi precioso lector que no me conoce todavía, y para nada esperaba leer un inicio de blog como el mío, me presento. Soy Ana L.A., encantadísima. ¡Agüita el tema que me ha dado por compartir contigo hoy! Agárrate que viene la EDUCACIÓN.

Por favor, valórame mucho que el primer párrafo me haya ocupado, tan sólo, 6 renglones. Por una vez que voy directa. Pues eso, la señora educación canadiense. Yo no sé si tú lo habrás escuchado alguna vez, pero a mí, de toda la vida, me habían dicho cosas de este sistema educativo que hacen subir tus expectativas como la espuma. Antes de empezar, ¿qué crees? ¿Será una fama merecida, o mucho cuento, y no es para tanto? Pues mi respuesta a esto, no es otra que: es diferente. (Como diría mi padre, que consigue responder a todo, sin mojarse nada con eso de las diferencias.) Yo sigo sin asimilar o normalizar la mayoría de cosas que me he encontrado aquí.

Estaba pensando en contarte las cosas siguiendo algún orden, que yo sé que a ti te gusta encontrar coherencia y cohesión en mis textos, pero no se me ocurre uno específico. Así que, si te parece, (y si no te parece también, lo siento) empecemos por la guagua. El transporte a los colegios es gratis. Cada zona tiene uno o más chóferes, según el número de estudiantes. A mí siempre me toca ir y venir en la guagua 460. Mi queridísimo Kelly (nombre de hombre y mujer por aquí, y efectivamente, muy confuso) sabe dónde vive cada uno de sus pasajeros y es más puntual que un británico. Si te vienes a Canadá a estudiar, vas a agradecer muchísimo la calefacción que hay en la guagua. Nada que ver con la lluvia y el frío de fuera, mientras estás esperando a que sean las 08:00. Sin embargo te digo, que la alternativa a esperar, es mucho peor. Porque significará que has perdido la guagua, y además de no esperar por ti, no pasa más de una vez. A mí me pasó este mismo lunes por primera vez. Y te estoy escribiendo en miércoles. ¡Menudo lío para llegar a la casa en la que me quedo! Lo que importa es que estoy sana y salva, y que ahora sé, que nunca debo perder la guagua, porque encima, no puedo ir caminando, ya que hay que pasar por un puente no accesible para peatones. La historia es buena, pero si la explico, no habría servido de nada la brevedad del primer párrafo.

Aquí no tienen la ESO y bachillerato, como era de esperar. En el instituto en el que yo estudio, se imparten los grados 9, 10, 11 y 12. Lo que “equivale” a 3º y 4º de ESO, y a 1º y 2º de bachillerato. El equivale va entre comillas por un buen motivo. “Hold on!” como dirían aquí. Yo, en cambio, te pido, que te quedes conmigo un pizquito más, gracias lind@. En realidad, tu grado sólo sirve para saber de qué año eres. Porque en España tú estudias con gente de tu edad, con unas pocas excepciones. Pero aquí están todos mezclados. En una de mis clases tengo un amigo de grado 10, en la que también hay alumnado de grado 12 (Por cierto, yo estoy haciendo 1º de bachillerato, que creo que no te lo había escrito hasta ahora. “Ayyy Ana, te presentas en cada capítulo, pero no dices ni tu edad”, vale perdóname, se me había pasado). Y como las películas nos destripan, aquí cada persona elige sus asignaturas. Hay restricciones, tampoco te creas que esto es Pedro por su casa. Para poder explicarlo, tengo que aclarar, que ni siquiera se organizan por trimestres, sino por semestres. A lo largo de un año, tienes que hacer 8 asignaturas. 4 en el primer semestre, y otras 4 diferentes en el segundo. Las restricciones de las que hablaba pueden surgirte en dos supuestos. La primera opción, es que eres canadiense y te interese ir a la universidad aquí (cosa muy improbable si me estás leyendo). Inciso: perdona, esto es muy innecesario, y posiblemente tengas que volver para atrás para recordar lo que te estaba contando, pero ¿te imaginas que fueras canadiense y te estuviera explicando yo cómo funciona tu propio sistema educativo, llevando aquí poco menos de un mes? Me parto con la idea. A ver, también puedes querer estudiar aquí siendo extranjero/a. La cosa es que necesitas una serie de créditos, que sólo te dan ciertas asignaturas de mayor grado de dificultad. El segundo supuesto es, que te quedes el año entero, y para que te convaliden en España, necesites ciertas asignaturas. A mí no me afecta nada de esto. Y mis asignaturas son: química 11, física 11, matemáticas 11 y biología 12. Cuando digo mi horario por aquí, sistemáticamente la gente me dice que o estoy loca, o soy muy lista, o ambas. Están consideradas como las asignaturas “duras”. Pero prometido que la inmensa mayoría de lo que estoy dando, ya lo había dado en casa hace años.

Desde MI punto de vista, y te lo recalco, porque puede que luego vengas aquí y te sorprendas, y me vayas a echar la culpa a mí, la educación aquí es mucho más fácil. El temario, ya lo habrás dado. Los métodos y el vocabulario cambia, pero no les importa si lo haces a tu manera. La formulación, por ejemplo, la vas a coger al vuelo. Porque… ¡sorpresa! Hacen los exámenes con la tabla periódica y una lista de compuestos en nomenclatura tradicional. Al menos en mi amado colegio de toda la vida, la teníamos que memorizar. En física tienes una ficha en la que te apuntas todas las fórmulas y, también, la usas en los exámenes. Te prometo que el primer examen que he hecho aquí fue de despejar ecuaciones. Tengo anécdotas y ejemplos para escribir un libro. Y ahora que he mencionado los libros (de una forma muy poco forzada jajajajaja, para nada era para enlazarte lo que viene a continuación eh), los libros no se compran. Son del colegio, tienen un código escrito a rotulador, y el primer día de clases, tienes que inscribirte en una ficha poniendo tu nombre y el código del libro que tienes. Son bastante pesados, pero tenemos taquillas. Suerte para abrir el candado a la primera.

Es cierto que tienen muchos más recursos. Salas de informática con los ordenadores más modernos, iPads para los internacionales que  los usamos como traductor en los exámenes, cuatro laboratorios diferentes en una misma planta, calculadoras y portátiles al servicio del alumnado… pero no todo son maravillas. A mí me sorprendió que aquí dejaran usar los móviles como si nada en clase. La única profesora que te dice algo, es la de química, mi favorita, justamente. Está permitido comer chicle en el aula, y no hay que pedir permiso para ir al baño, tan sólo vas. No tienen timbre, la gente sabe que tienen cambio de clase (mención especial a una de las series de mi infancia) cuando suena música por la megafonía. La parte mala es, que las canciones las elige el alumnado, ¡y ponen cada cosa! Eso sí, las canciones las escucha todo el mundo, pero como den un comunicado por los altavoces, nadie lo respeta lo más mínimo. Es más, hacen incluso más ruido que antes, si no te enteras, que es lo más probable, pregunta en secretaría mejor. Se puede escuchar música durante las clases, y nadie te dirá nada si no dejas de comer galletas, en medio de una explicación de cómo funciona el sistema nervioso. Cada día suena el himno, 100% igualito que en España, ¿verdad? Toda la clase se tiene que poner de pie hasta que acabe. Asimismo, no encontrarás un aula sin la bandera de Canadá. Por último, aquí el ritmo lo marcan los estudiantes. Si 5 minutitos antes de la hora a la que debería acabar una clase, el alumnado considera que ya ha sido suficiente, se ponen de pie y se ponen a recoger, como si nada. Hombreeeee, ¿qué más da que la profesora no haya terminado de explicar? ¡Vámonos ya! Pues sí, tal cual como me lees. En España los profesores dicen “la clase no acaba hasta que yo no lo diga”. Aquí el profesor te explicará las últimas 2 diapositivas del día, teniendo que hablar más alto y con todo el mundo esperando de pie para salir al pasillo. Sin embargo, he dejado lo mejor para el final. Hay un grupo de niños de grado 9 que pasan por las clases, haciendo una serie de tareas muy aleatorias. Pues puede que te recojan la basura el día del reciclaje, o puede que le pidan al profesor una firma para algo de la cafetería. Pero los viernes, uyyy los viernes. Son los “casual days”. Supuestamente el profesorado tiene que venir arreglado toda la semana, pero los viernes, aquellos profesores que pagan una pequeña cantidad de dinero, pueden venir en chándal. Pues ese grupito de niños entran a la clase del de física, le piden su dinero, él se los da, y tan panchos se van. Es muy surrealista. Y aunque hay más cosas que me han sorprendido, y que me encantaría contarte, sé que me vas a matar, porque llevo más de dos páginas de documento Word. Esa es mi referencia para saber que me he pasado jajajaja. Y estaba barajando la posibilidad de poner la letra en un tamaño más pequeño, para que así no me ocupara tanto. Pero eso es como hacerse trampas a uno mismo en el solitario. De todas formas, a ti te ha llevado tiempo y cariño leerme. Pero que sepas, que yo también te estoy escribiendo aquí como si no tuviera nada que hacer. Por eso, por el bien de los dos, te mando un beso volado enorme, y me alejo del teclado pitando. Muchísimas gracias, mi lindo lector. Te espero la próxima vez, que a pesar de que se me haya ido el baifo esta vez, no me puedes pegar la negra, andaaa mi niñ@. ¡Nos vemos!

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