Ana LA. en Canadá – Capítulo 7 – Lo positivo de Canadá

“EN UNA MONEDA NO HAY CRUZ SIN SU CARA”

La clave para que te esté escribiendo este tipo de contenido hoy, es la combinación de una buena actitud y la música. Y después de esto, hola, mi querido lector. Para ti, que estás muy perdido y estás considerando un “Mejor me leo otro blog, que este está siendo muy raro”, dame unos renglones más y empiezo a contarte. Mi nombre es Ana L.A. Y no, no pienses que es Ana “Los Ángeles” jajaja. Feliz día de la Hispanidad. Te lo deseo desde fuera, pero siempre sintiéndolo muy adentro. Desde fuera, sí. Estoy estudiando fuera de España, y a unos locos innovando se les ocurrió dejarme escribir. Claro está, que no sabían lo que me enrollo. Y gracias a eso, me estoy comunicando contigo.

Ahora sí, al jamón. Ni siquiera ha acabado mi paso por Canadá, y ya creo saber que me ha merecido la pena. Si bien te intenté explicar por encima lo triste de venirse al extranjero la última vez, hoy, para que te quedes con una percepción lo más completa y realista posible, te escribo de las curas del alma.

La felicidad no crece de forma exponencial. Por el momento, tampoco como una parábola (esperemos, aunque lo previsible en estas experiencias son los altibajos), sino una preciosa forma lineal. Cada uno tiene su pendiente (equivalente al ritmo), pero todo acaba subiendo. Y en mi caso, mi optimismo y alegría han incrementado gracias a un “podcast” (no sé si hay traducción al castellano). De verdad te lo escribo. Un podcast que escuché en verano, volviendo a casa de Huelva en barco, donde hay mucho tiempo y poca variedad de actividades. Aquel día, aprendí un término maravilloso, que ahora te regalo yo a ti: el hedonismo. La idea con la que me quedé es, disfrutar el momento. Encontrar placer en las pequeñas cosas de la vida. ¡Y qué verdad! Para ti, que estás a punto de verte en la misma situación que yo hasta hace nada. Te regalo mi truco. Busca pequeños momentos cotidianos en los que refugiarte, que te suban el ánimo. Ama la rutina, un trampantojo que juega con el significado de la zona de confort. Y te digo ejemplos míos, para que te imagines lo bonito que siento.

Mi día mejora, cuando veo el amanecer, ya que, al ser la primera en levantarme, los colores del cielo me desean un buen día en el colegio. Mi día mejora, cuando me como dos tostadas para el desayuno. Mi día mejora, cuando siento en mi piel el contraste del frío canadiense al calor de la calefacción de la guagua escolar. Hace que esperar no sea tan malo, porque sé que lo que me espera es buenísimo. Mi momento favorito, y que, evidentemente, mejora mi día, es escuchar música en el trayecto de 20 minutos al colegio. Mi día mejora, cuando mis amigos me dejan sus cafés para calentarme las manos. Mi día mejora, cuando soy capaz de abrir mi taquilla. Sólo tengo que acordarme de la primera vez que lo intenté, y lo difícil que me pareció, para darme cuenta que la situación está mejorando. Mi día mejora, cuando un extraño y yo nos saludamos todos los días. Y mi día mejora, cuando el profesor de inglés me dice en español “Buenos días” o “¿Cómo está?”. Y sí, mi niñ@ lind@, hay muchas cosas que celebrar. Vas a vivir pequeños detalles. No hace falta que cada fin de semana sea irrepetible y espectacular con muchos viajes y actividades. Siéntete capaz de agradecer cada bobería. La felicidad que echaremos de menos, tú y yo, cuando no tengamos esta oportunidad nunca más, habrá estado escondida en rincones de la belleza de instantes menospreciados. Y yo me niego a darme cuenta demasiado tarde. Y sin duda, la mejor medicina que podría tomar es, una sonrisa. Parece imposible, pero, piensa, ¿cuántas veces has sonreído sin que sea para una cámara, o porque estás acompañado/a de alguien? Yo he descubierto que, cuando sonrío por y para mí, mi corazón responde como con ninguna otra sonrisa. Como tenía todas las sonrisas que necesitaba conmigo, empecé a regalarlas también. Y ¡tachán!: tienen efecto de boomerang, y encima vienen multiplicadas. Por favor, léeme con toda tu atención a continuación. Si ves a alguien que viene detrás tuya y va a pasar por la misma puerta que tú, espérale, mantén la puerta abierta. Si hay alguien que come solo/a, ofrécele unos palitos de zanahorias. Si piensas que una compañera lleva una camisa bonita, díselo. Y si a un chico se le desconecta el cargador del móvil, y piensa que se está cargando, acércate y enchúfaselo. Es INCREÍBLE lo feliz que te vas a sentir, lector mío. Porque la amabilidad camuflada en la educación es una forma de respetarse a sí mismo.

No tengas miedo de venir. No tengas miedo de equivocarte. No tengas miedo de tu inglés. Y no tengas miedo de no hacer amigos rápido. (Sí, efectivamente, si te leíste el capítulo 6, estos son los mismos puntos, explicados desde otro punto de vista). Yo noto que estoy aprendiendo mucho vocabulario, pero también es cierto, que no dejo de preguntar. Siempre. A todo el mundo. En serio, parece exagerado, pero le pregunto a cualquiera el significado de X palabra. Además de crear tema de conversación, vas a mejorar tu inglés. De verdad que preguntar es lo mejor que hay. A ti que puede darte vergüenza, mira todo el sentido que tiene: tú tienes acento, te lo van a notar, y los canadienses (por lo general) van a tener más predisposición a ayudarte. Encima puedes hacer bromas con su pronunciación y la tuya. Yo, por ejemplo, me he encontrado con gente a la que le gusta mi acento. Asimismo, ellos están intentando entenderte. Y no sé tú, pero yo que he estado en los dos lados, el de querer ser entendida y querer entender, te aseguro que prefiero la primera a la segunda. Otra cosa a favor tuya, es que puedes tener una relación de profesor-alumno con alguien. En mi caso, es el señor John. Y fue el inglés y la ciencia los que crearon mi amistad con él, y mira que fue difícil. ¡Qué niño más callado! Y en cuenta a los amigos, a mí me ha sido fácil. Haz varias cosas, pregunta nombres, acércate tú a entablar conversación y muestra interés en aprender. Cada persona es diferente, y esconde algo que puedes aprender de ella. Tendemos a querer ser apreciados. Yo puedo estar ansiosa por que alguien descubra mi forma de ser, mi lado positivo, mis cualidades, etc. Parece que así querrán acercarse a ti. No. A mí me funciona más darle la vuelta a la tortilla (ayyyy ¡las tortillas de mi abuela!). Yo prefiero ser la buscadora de tesoros. Estoy continuamente en busca de cosas que me interesen de los demás. Y no me malinterpretes, no soy ese tipo de persona interesada. Ni busco dinero, ni amistades falsas, ni palabras vacías, ni acercamiento a terceras personas. Busco valores, mucho vocabulario en inglés, técnicas ya desarrolladas en algo a lo que yo también aspiro, o incluso, gente que necesite ayuda. Que los demás se den cuenta de cómo soy, vendrá con el tiempo. Mi consejo, en este punto es, regala.

Resumiendo, está siendo precioso crecer por dentro. Aunque a ratos te desgarres, serán tus heridas de guerra, que en todo caso te honoran como valiente en batalla. Mucha metáfora, pero lo que te quiero decir es, el día que vuelva a casa estaré deseando abrazar a mi familia y sentir a mi tierra. Pero eso no quita que esto sea sano y bonito para mí. ¿O acaso no dice mi familia, que si pica, cura? Paciencia, lindísim@. Chacho, es impresionante que hayas llegado hasta aquí. Gracias, me has hecho sonreír. Hasta el siguiente, y estarás orgullos@, ni siquiera me ha ocupado dos hojas de Word. Siempre mejorando. (Mensaje subliminal).

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