Estimadas familias,

Aún con la resaca del fin de semana, seguimos disfrutando de los últimos momentos en el país estadounidense.

Con muchos nervios, el viernes pasado, tras salir de clase y comer rápidamente, nos dirigimos todos a la South Station de Boston, donde cogimos el bus que nos llevó, tras mucho tráfico denso, a pleno corazón de NY. Tuvimos mucha, mucha suerte, ya que la estación de destino, se encuentra justo al lado, dos minutos, del que sería nuestro hotel durante el fin de semana: The Pod Times Square

Esa tarde/noche, después de descansar un poco y ponernos un poco guapos, caminamos unos 10 minutos desde nuestro sitio hasta el centro de Times Square, la famosa plaza de luces tecnocolor. ¡Ni en las películas se asemeja a la realidad! La sensación de estar allí, en ese sitio tan lleno de luz, de vida, fue increíble. Eso sí, ¡demasiada gente! Y es que, sobre todo a esas horas, es uno de los lugares más concurridos de toda la ciudad. Tras el primer impacto visual, donde no paramos de echar fotos, una detrás de otra, estuvimos disfrutando del sitio durante dos horas aproximadamente, antes de volver al hotel a recargar pilas ya que, al día siguiente, haríamos la locura de recorrernos gran parte de Manhattan.

Para no hacerles madrugar demasiado, ya que nos esperaba un laaargo día por delante, quedé con todos los chicos en la recepción del hotel a las 09.30. Allí, además, conocimos a los chicos de nuestro programa de Toronto, con los que tuvimos la ocasión de compartir parte de esta experiencia. ¿No es bonito el coincidir con otra gente, tan lejana a ti, en una de las ciudades más conocidas del mundo, que está viviendo la misma experiencia que tú? Juntos, nos pudimos de camino al Dunkin Donuts, para zamparnos unos buenos chocolates y dulces.

Y comenzaba la aventura:

Desde allí, en pleno Times Square, nos dirigimos al archiconocido EMPIRE STATE BUILDING, donde tuvimos la oportunidad de subir hasta el piso 86, y más arriba, al Observatorio, donde nos quedamos maravillados con la panorámica de toda la ciudad.

Tras un par de horas por los aires, bajamos de nuevo a superficie para continuar nuestro itinerario:

Desde la 5th Avenida, bajamos dirección sur, y tras recorrer alguna milla, disfrutando de las calles neoyorquinas, nos fuimos adentrando en tres de las zonas más populares de toda la ciudad, que colindan unas con otras: SOHO, CHINATOWN, y LITTLE ITALY:

Allá por el 1858 un chino llamado Ah Ken se convirtió en el primero de su nacionalidad en establecerse en Manhattan. Concretamente en Mott Street, lo que hoy es la calle principal de Chinatown. Poco podría imaginar Ah Ken, dueño de un estanco, que en 2016 esa zona albergaría alrededor de 100.000 compatriotas (o descendientes de ellos). Es un barrio muy turístico, donde se pueden encontrar centenares de restaurantes y bazares chinos. ¡Pura locura de sitio!

Por otro lado, y pese a su fama, Little Italy nunca fue uno de los mayores barrios italianos de Nueva York. A principio del sigo XX, unos 10.000 italianos vivían en el área que rodea a Mulberry Street, pero Little Italy fue perdiendo terreno y hoy está prácticamente absorbida por Chinatown. Eso sí, las cuatro calles que aún quedan, ¡parece que te has teletransportado a plena Roma!

Y por último, la fama del SoHo (SOuth of HOuston street) viene a raíz de cuestiones urbanísticas y artísticas. Este barrio alberga varias decenas de cast-iron buildings (edificios típicos de hierro fundido) que, por su cantidad, y por haber sido un lugar pionero en el mundo en utilizar la «arquitectura del hierro«, todo el barrio está protegido como Historic Place y como Landmark District en Estados Unidos. Además, también es famoso por haber acogido a una gran comunidad de artistas, cuando éstos se instalaron en grandes espacios de antiguas fábricas para ubicar sus talleres, casas y galerías de arte. En los últimos años, sin embargo, es más conocido como un barrio «yuppie» y las boutiques glamurosas ya duplican a las galerías de arte. ¡Y nosotros, ahí en medio!

Tras comer allí, seguimos nuestra excursión hasta Wall Street, el Distrito Financiero. ¡Qué impresión saber que allí mismo es donde, básicamente, se gobierna el mundo entero! Después de una visita, también, a la zona Cero, World Trade Center, no pudimos obviar, por supuesto, el famoso Toro de Wall Street.

Continuamos más hacia el sur, hasta llegar por fin, a uno de los puntos finales del día: viajar en el Ferry hacia Staten Island, ida y vuelta, para poder contemplar desde muy cerquita uno de los iconos de la ciudad: La estatua de la Libertad. Una vez de nuevo en tierra, nos dividimos en dos grupos: aquellos que ya no pudieron continuar con la visita, porque llevábamos hooooooras caminando, y los valientes que se vinieron conmigo a cruzar otro de los sitios referentes de Nueva York: el puente de Brooklyn:

Eso sí, nada de volver al hotel caminando (¡¡aunque algunos preferían volverse la 1h y medía más a pata!!), todos cogimos el metro de vuelta que, además, se puede considerar como otra anécdota del viaje: ¡hemos conocido las famosas ratas de metro!

Sin duda, lo que no esperábamos al subirmos a él, es que tardaríamos 1 hora más de lo previsto, ya que debido a una explosión, dicen, en la power station que suministra electricidad a toda Manhattan, nos quedamos yendo a trompicones hasta nuestra parada. ¡Aventuras de cualquier viaje!

Una vez de vuelta en la calle, cenamos y, ya casi a media noche, cansadísimos, no fuimos de vuelta al hotel para descansar hasta nuestro siguiente y último día. Tras volver a desayunar en Dunkin Donuts, el itinerario que recorrimos el domingo fue el de recorrer toda la 5th Avenida, es decir, la parte que nos quedaba de Manhattan (Higher Manhattan), parando en los sitios más emblemáticos de la zona: La famosa Public Library, Rockefeller Center, Trump Tower y, por último, el pulmón de la ciudad: Central Park.

Tras esta pedazo de caminata, el momento más esperando para ellos: ¡COMPRAS!

¡Espero que no os hayan quebrado ninguna tarjeta!

Vuelta al hotel, recogimos nuestras cosas para volvernos a nuestra querida Boston.

No nos queda otra que disfrutar de lo poquito que ya nos queda por aquí y, aunque nos está ya empezando a dar pena el pensar que esto se acaba, también estamos intentando aprovechar al máximo estos días.

Esta semana, ha tocado la zona de Assembly Row, Boston Public Library, el Museum of Fine Arts, y, por culpa del mal tiempo, hemos tenido que cambiar la playa por el cine: