Ana LA. en Canadá – Capítulo 3 – Buscarse la vida

“EL ARTE DE BUSCARSE LA VIDA”

¡Qué querida me siento, siendo leída por unos ojos tan bonitos como los tuyos, mi lindo lector! Y como dice mi comediante canadiense favorito (dos incisos antes de su frase: digo “comediante” por no poner youtuber, en nombre de mi padre. Y lo segundo sería, escribirte que, ya le conocía en España, aunque coincida que sea canadiense, no ha tenido que ver con mi estancia aquí.): “Si eres nuevo/a aquí, bienvenido/a, ¿qué tal te va?. Si has vuelto, bienvenido/a, ¿qué tal te va? Es bueno verte de nuevo.” Dios, LO SIENTO. Llevo 7 renglones de texto, y seguro, que no te ha hecho ni la mitad de gracia que a mí. No me quiero imaginar la carita de algún pobre lector, que haya acabado aquí, mientras buscaba un relato sencillo de alguno de nosotros. Pero es que soy Ana L.A. y no soy así. Tengo un problema. Quería hacer el blog de hoy tratando ciertos temas. Sin embargo, y a mi pesar, son temas de los que no tengo fotos ni vídeos. Como consecuencia, he decidido organizarme según mi galería, y en base a ella, buscar huecos en los que encajar las cosas que de verdad te quiero contar. Y sinceramente, este ejemplo de adaptación, no podría reflejar mejor el título de hoy.

La primera foto que he visto es de Max. Sí, mi niñ@. Sí, Max. El perro de la familia anfitriona. Y, ¿cómo podemos relacionar a Max con “el arte de buscarse la vida”? Pues déjame escribirte, que un animal es la mejor salida a las situaciones incómodas. Te voy a poner un ejemplo que espero que no te pase. Aunque también te digo, si no me hubiera pasado no me hubiera dado cuenta de lo útil que es Max. Mira, imagínate que en una cocina hay dos belgas, una vietnamita, una española y un perro. La española y la vietnamita no tienen forma de comunicarse con los belgas, puesto que están en Canadá de vacaciones, y en una semana no les ha dado tiempo de aprender casi nada de inglés. ¿De qué crees que van a hablar? Pues claro, del perro. Basado en hechos reales. Sólo habría que cambiar “española” por Ana/mí/yo, “vietnamita” por Lihn y “perro” por Max. Ajá, nos sirvió para no estar en silencio hasta que alguna persona que tuviéramos en común llegara. Lección de la historia: si no sabes qué decir o hacer en alguna situación, préstale atención a un animal. Ganarás un momento para que pase algo o para pensar algo más ingenioso.

Otra foto muy interesante, la tomé al cuarto día sin corriente en Nueva Escocia. ¡Ay mi lindo lector! Después de tan sólo una semana en suelo canadiense, ya me encontré con un huracán. Les presento a distancia: lector, huracán Dorian. Dorian, lector. Magnífico. Pues nuestro amigo Dorian ha dejado la zona un poco desordenada. Y lo de “desordenada” es por ser simpática. Un colegio sin tejado, varios árboles arrancados de raíz y nada de corriente en los últimos cinco días han sido algunos de los obsequios de este cabraloca. Podría entrar en detalle, pero es que la foto de la que quería escribir, no era ninguna de la tormenta (aunque también las dejo por ahí debajo), sino que vengo a hablar de unas papas al vapor. Jajajaja vale, puede que suene menos interesante que un huracán, pero déjame explicarme, impaciente. Que conste que estoy bien. Además, en la casa en la que me estoy quedando hay un pequeño generador. No funciona ni el horno, ni la vitrocerámica, ni la lavadora… Pero, gracias a Dios, al menos podemos usar el microondas. El martes 10 de septiembre se me olvidó todo el problema. Ya tenía peladas las papas, cuando caí en la cuenta que no había manera de cocinarlas. Y yo no sé si lo heredé de mi madre o qué, pero mi vena artística, se juntó con mi imaginación y pensé: “yo no tiro estas papas, como que me llamo Ana”. Cogí un cuenco, le puse agua del grifo y busqué un colador que usar como rejilla. Me llevó como veinte minutos hacerlas al vapor en el microondas, y ni siquiera estaban tan buenas. Pero a mí me supieron a esfuerzo y adaptación. Lección de la historia: la vida es matemáticas. A un problema, hay que buscarle una solución. Estar aquí sola me obliga a actuar por mí misma. De mis papas al vapor aprendí, que a un viaje así, hay que venir con mentalidad abierta.

Última foto en la que me voy a detener: yo en Peggy’s Cove con el faro de fondo. Lo que me supuso a mí un problema aquí, era el hecho de estar sola. Lihn, la chica vietnamita que se queda con esta familia también; no había llegado todavía. Dando por hecho que lejos de casa siempre me siento sola (físicamente), no tenerla a ella, significó que todo se centrara en mí. Además, ella ya había estado con esta misma gente el año pasado. ¡Y ojito aquí! Sé lo que puedes estar pensando, lectorcit@. O bien has pensado que tienen que ser buenos anfitriones para que alguien repita, o bien puedes haber pensado que tengo mucha suerte de contar con semejante ventaja. Y por si acaso no pensaras nada, y aún habiéndotelo dicho, sigues sin ver ninguna ventaja en convivir con ella, te cuento mi punto de vista. Cuando la miro a ella en la casa o en el colegio, veo a la experiencia reencarnada. Es una buenísima referencia para mí, y hace que la adaptación sea más fácil. Hazte un favor: al igual que cuando vas a la playa y te metes en el mar, te quedas con una referencia para no perderte, tienes que buscar una referencia en tus nuevo ambiente. Pero por favor, ten en cuenta que en la playa, no sólo te fijas en una sombrilla, sino en dos (y si sólo miras una sombrilla, ten cuidado, que algún día puede que te encuentras con dos iguales o con que hayan quitado la primera). Pues lo mismito aquí. Yo comparo y complemento lo que me aporta Lihn. Ahora lo hago. Ese día es un sálvese quien pueda. A ver, que si tú, por cosas de la vida, estás sol@, vas a aprender incluso mejor. No te voy a mentir, irás más lentito, pero sin duda será aprendizaje interiorizado y personal.

Te invito a crear tus propias obras en el arte de buscarse la vida. Ya que, además de que te será enriquecedor a nivel espiritual, mis tres ejemplos son tan específicos que me sorprendería mucho, MUCHO, que coincidiéramos. Nada más que añadir hoy. Eres una lindura (supongo) si has llegado hasta aquí. Hoy hay fotitos y vídeo. Te escribo en nada, mi querido/a lector/a. Hasta entonces.

 

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