Ana LA. en Canadá – Capítulo 6

“SI TE MOLESTA LA REALIDAD, MEJOR LEE A OTRO”

Léeme. Léeme hasta que creas sentirte mínimamente como yo. Léeme, por favor. Porque esta vez sólo va dirigido para ti y para mí. No va especialmente para nadie de mi familia, ya que posiblemente malinterprete mis palabras, y acabe preocupad@. No va especialmente para mis amigos, ya que ni siquiera tendrían por qué llegar hasta este punto. Me lo dedico a mí misma, para entenderme. Y, sobre todo, va especialmente para ti, que vas a vivir o estás viviendo algo parecido a lo mío, y puede que te sientas identificad@.

Es muy tarde. Mañana es lunes, con un examen incluido. Y aunque una de mis mejores amigas me diría que tengo que mejorar mi orden de prioridades, me estoy pidiendo a mí misma no dejar de escribir. No quiero dormirme hasta no haberme curado mediante las palabras. Y es que no creo que lo hayas notado, siendo un completo extraño, sé que es difícil que hayas estado pendiente de mi blog. Pero no he escrito nada en octubre, esperando a que pasara mi cumpleaños. Y ahora siento con toda certeza, que ha llegado el momento de escribirte de sentimientos. De la cara ignorada de un año en el extranjero.

Encantada, precioso lector mío. Soy Ana L.A. Y lo que pretendo hacer con mis iniciales es recalcar que tú y yo no tenemos nada que ver. Lo que me ha pasado/está pasando a mí, aquí en Canadá, no tiene por qué pasarte a ti también. No va a misa. Y esto es importantísimo, porque es un claro ejemplo de comparación. Fallo enorme, mi niñ@ lind@. No te puedes ni imaginar lo hondo que pueden enterrarte tus propios pensamientos. Las redes sociales proporcionan información sesgada y parcial. Las personas que estamos afrontando un cambio tan grande, como una inmersión en el extranjero, no acabamos de encontrar el lugar al que pertenecemos en el mundo. No creas todo lo que pretenden hacerte creer. Las fotos perfectas. Los atardeceres en lugares preciosos. La libertad. Las nuevas amistades. JAJAJAJAJA, permíteme reírme. ¿A quién quieren engañar? Porque a mí, espero que no.

Sinceramente, yo tardé 6 días en dejar de estar amargada por dentro. Más adelante, tardé otros 18 días hasta tener mi primer día feliz. Un día tal, que cuando me preguntaran que qué tal lo había pasado, podría decir orgullosa que “muy bien”.

Piensa lo que quieras, pero no me juzgues sin haberme leído antes. Las personas que “te quieren”, no están preparadas para escuchar la realidad. Cuando te pregunten “¿qué tal?”, pocos estarán dispuestos a escuchar esa verdad que a ti te gustaría compartir. Es una pregunta que la gente hace, esperando recibir una respuesta predeterminada. Y no me considero falsa, pero dime, ¿a cuántos cajeros del supermercado que te preguntaron en su día “¿qué tal?” les dijiste, “bastante mal, echo de menos mi zona de confort”? ¿A cuántos? Ninguno. Los mismos que yo. Pues así me siento yo. Al principio, le respondí a alguna persona con cierta sinceridad. Dependiendo de mi relación con dicho ser, decía más o menos cosas. Pero… ¡sorpresa! La verdad molestaba. No esperaban sinceridad, y no supieron reaccionar. Tampoco quiero que te pienses que he estado mintiendo y fingiendo más de un mes. He tenido días buenos. Pero a lo que me refiero, es que me he llevado decepciones en algunas respuestas. Personas que me dijeron que estarían para mí por si necesitaba hablar, de las que no he recibido ni un mensaje. Pero peor fue, verme incomprendida por aquellos con los que me abrí. No te vas a poder desahogar en condiciones, querido/a. Yo necesitaba gente que empatizara, pero encontré gente que usaba mis palabras en mi contra. Gente que me echaba en cara que no me estaba adaptando bien, que no estaba disfrutando. Gente que no sabía nada, pero que hablaban como si todo. En ese punto empiezas a responder “genial, muchas gracias. ¿Qué tal tu día?” y, lamentablemente, se quedan mucho más tranquilos. Porque prefieren una dulce mentira, a una ácida verdad.

Pues aquí estoy yo para decirte que, lector, no estás solo. Yo me he refugiado en la música por la noche. Me he escondido en pequeños momentos de alegría y en la gente que más me quiere. He aprendido que acariciarme a mí misma, no está mal. Porque, ¿sabes qué? Yo no he dado un abrazo sentido y con amor, desde que me fui de casa. Y estoy segura, de no haber recibido ninguno tampoco.

Nada, absolutamente nada, es como en casa. Aquí vas a sentirte segundo plato. Vas a sentirte solo/a. Vas a sentir que se ríen de tu inglés. Y vas a sentir que estás tardando mucho en hacer amigos. Pues mira, te explico respectivamente. En los trabajos grupales, ten en cuenta que la gente ya tiene sus grupos hechos, y no creo que te tengan en cuenta en ellos. Yo, que en casa, siempre había tenido a mi grupo de amigas asegurado, he podido experimentar lo que es sentirse menospreciado y solo. Tranquilidad en el patio, que es una situación de la que se puede salir con elegancia. No es el fin del mundo. Yo sé que tengo potencial, y que soy muy trabajadora. Ellos se pierden una posible buena compañera. Por eso, te aconsejo que no les ruegues. No vas a sentirte mejor por tener un grupo de trabajo, después de haber sido su última opción. Por otro lado, por favor, el inglés no es mi lengua materna. Sinceramente, sigo durmiendo perfectamente por las noches, aunque a algunos canadienses les haga gracia mi acento, o cuando me trabo. La mayoría están dispuestos a ayudar. Pero te encontrarás a algún gracioso/a de turno, que evidentemente, si estuviera en tu situación en España, hablaría perfectamente como un nativo. Por eso, se va a reír de tu inglés. Sí, tiene que ser eso, jajajaja. De todas formas, yo pregunto, siempre, siempre. Las dudas resueltas son pasitos hacia una mejora de mi inglés. Finalmente, el tema de las amistades, es un timo grandísimo. En mi caso, hice un amigo canadiense con mucha facilidad. Que aunque no coincida en ninguna clase con él, me facilitó mucho el proceso de conocer gente. (Mención especial a Bailey, que aunque no leerá esto, me apetece que te quedes con su nombre.) Ahora bien, parece que tras, tan sólo, dos semanas en el extranjero, hay personas que parecen tener más vida social que en España. Felicidades a todos esos afortunad@s. Yo, en cambio, voy, poquito a poco, conociendo a nuevas personas, y me parece que llevo un ritmo ideal.

No he dejado de escuchar “disfruta de tu experiencia”, “no nos eches de menos, ahora céntrate en vivir eso”, “ya no queda nada”, etc. Y mi favorita: “pero si sólo llevas un mes”. Mentalidades maravillosas, cuando no te encuentras en esta situación tú. A mis ojos no es tan fácil. No necesito un recordatorio constante de vivir el presente, gracias. Por cada sentimiento de nostalgia una grieta nueva. Por cada “Dios, ¡qué negativa eres!” dos. Porque tú no sabes, lo que es NO tener un beso de tu madre cada mañana. NO sabes lo que es no tener un “buenas noches” de tu padre, y NO tener unos brazos de abuela que no serán eternos, para abrazar. Tan sólo se necesita una máquina del tiempo. Porque es precioso, leer un mensaje que te hace sentir que sigues ahí. Que nada ha cambiado. Que sigues siendo la rutina de alguien. Y que, a pesar de la distancia, hay más cosas de las que hablar, además de tu maldita ausencia. Porque a mí me han llegado a decir que, no pregunte tanto por cómo están las cosas en mi lugar de toda la vida, porque entonces estoy perdiendo tiempo que podría estar disfrutando de Canadá. Pensé que sería entendible, que siendo la primera vez en mi vida que no estoy en el mismo colegio, en la misma ciudad, querría enterarme de alumnado nuevo, profesores y últimas noticias.

Sin embargo, no es para alarmarse. Hay truquillos. Encuentra un sitio favorito. Escucha música hasta que te duelan los oídos. Sé esa persona que ayuda a los demás, y te sentirás mucho más ayudado, que si mendigaras cariño. Sé tu mayor pilar. Date cuenta que estás aprendiendo mucho, mi niñit@. Vas a estar bien. La mayoría de cosas son positivas. Pero para que funcione, vas a tener que escucharte, como me escucho yo, que admito cómo me siento.

Y ahora, para terminar, déjame pedirte un favor importante. No te alarmes con mis palabras. Pueden ser malinterpretadas. Tan sólo quería darte una versión realista de los sentimientos que gustan menos, pero esto es 100% positivo. Te reto a encontrar a alguien que nunca esté triste, que nunca haya experimentado un bajón. Perdiste. Pero mira, si hoy te hablo del Yin, mañana te hablo del Yang. Y lo que quiero decir es, que la próxima entrada de blog, será la opuesta a ésta. Créeme, estoy bien. Estoy feliz y estoy disfrutando. Depende de ti que te vaya así de bien también.

Y ahora, ahora sí, piensa lo que quieras. No me montes un numerito tampoco, que yo estoy sana y contenta. Pero sólo te cuento que hay momentos de tristeza que sólo tú, vas a poder curarte. No te sientas culpable, siéntete human@. Date caprichitos y sonríete a ti mism@. Tienes mi ánimo, y lo último, te recomiendo que escribas. A mí, personalmente, me sana. Gracias por todo el tiempo empleado en leerme. La risa viene ahora, a ver qué fotos te pongo… ¡menudo desastre soy! Nos vemos.

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